“A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar”. El canto resuena en cada casa, en cada guardería y jardín de hoy y de siempre. No sólo para aliviar la carga de madres y maestras e incorporar pautas de higiene y convivencia, sino porque inconscientemente se porta la saludable noción de que “no se puede vivir en el caos”.
Sabido es que el juego forma parte importante en el desarrollo del psiquismo infantil, no sólo como actividad recreativa sino que brinda las herramientas para que el niño construya su psiquis y pueda vehiculizar sus emociones e impulsos, que, vale decir, tienen en la primera infancia una magnitud que supera muchas veces los recursos que se tienen adquiridos para controlarlos. Por que sí, señores, es esta etapa, al igual que la adolescencia, un torbellino de pasiones. Así, el pequeño utiliza sus juegos y juguetes no sólo para manifestar sus conflictos sino como descarga y ámbito de resolución de las problemáticas inconscientes. De ese modo, dos niñitos de jardín, celosos de sus hermanitas recién nacidas, juegan en el rincón de la mamá a que preparan la comida. Eso sí, como no tienen comestibles de juguete, utilizan unos bebotes, que, casualmente! había por allí. Y es mucho más aceptable y da menos culpa el castigo que reciben brujas y madrastras, ogros y malvados de los cuentos, que enojarse con mamá y papá. Pero bien, los conflictos no son sólo externos sino también pueden presentarse con aspectos propios que el niño debe aprender a organizar y a integrar dentro de una personalidad plástica. Así, los juguetes pueden representar distintos aspectos del carácter de nuestro niño que explorará diferentes facetas y roles a través de ellos. Por eso es tan importante no tanto la cantidad sino la diversidad de juegos, que más allá que puedan ser reiterativos en una determinada etapa, a mas variados van a proveer mayor espectro de posibilidades. Es tan importante ser el héroe como el villano, los juegos de mesa y reglados (que permiten el ordenamiento) como la masa y las acuarelas, (que permiten ensuciarse), los llamados juegos “femeninos” (mamá, cocina) y los “masculinos” (de destreza y competencia). Cada uno de ellos facilitará la vía de expresión de distintas tendencias y la organización de la simiente de la personalidad infantil.
Volviendo al orden, esos juguetes representan diversos aspectos, (objetos internos diríamos los psicólogos) de la psique de nuestro hijo. De allí la importancia de que se encuentren en buenas condiciones, así como es deseable que puedan romperse y ensuciarse sin que sea un drama (evitando los juguetes costosos) y en lo posible que sean reparables. Ordenando los juguetes, los niños ordenan su mundo, le confieren sentido y organizan su universo. Por supuesto, nos referimos a un orden elástico, flexible, no relacionado con lo estético ni con la rigidez, sino con las necesidades propias de la etapa que el pequeño está atravesando. Lo que se busca evitar no es el “desorden” propio de la actividad infantil sino la desvalorización de las pertenencias de los niños, confinadas a habitar algún recipiente que haga las veces de contenedor mas no de organizador, pasando a ser un objeto mas de una serie infinita mas no algo con un valor en sí mismo. Es importante que el infante participe en el ordenamiento de sus pertenencias como también en la elección de cómo y dónde ubicará a cada una, de acuerdo al espacio que le otorgue en cada etapa a cada uno de sus objetos preciados. Así, los juguetes irán conformando un universo de sentido en el cuál pueda sentirse cómodo.
Jugar ordenadamente permite a su vez:
- Organizar en grupos temáticos, favoreciendo la introducción de la noción de clasificación y de conjunto.
- Buscar y encontrar los juguetes fácilmente, promoviendo la independencia del adulto para el juego.
- Al ser guardados de acuerdo a un sentido, favorecen el juego representativo.
- Jugar y guardar luego ayuda a identificar ciclos de juego, dando por terminada una actividad y permitiendo la entrada y salida del juego simbólico, acentuando la noción de “como sí”.
Cuidar y enseñar a cuidar los juguetes de nuestros hijos es conferirle importancia a su universo intelectual y afectivo, transmitiéndoles la sensación de valoración por su actividad e intereses, ¿No es ésta acaso la actitud que esperamos de ellos en el futuro?
Esto me generó una pregunta ¿para qué sirven los juegos en los adultos? ¿los adultos que juegan juegos acaso no habrán jugado de pequeños?
ResponderEliminarBuena pregunta!! La respuesta es mas compleja, porque responde al abanico subjetivo de cada uno, es decir, habrá que ver cada caso en particular. Pero dentro de las generalidades, ayuda a liberar tensiones, nos reconecta con la propia infancia (con todo lo que esto puede significar) y sigue siendo un excelente medio para expresar conflictos: muchas veces basta ver a qué juega una persona para "leer" que le está sucediendo. Otras, mas cuando el juego es compulsivo (ya sean juegos de azar u otros) es lo que denominamos borramiento subjetivo, es decir, desaparezco como sujeto y descargo mecánicamente.
ResponderEliminarPor otra parte, es mas probable que siga jugando un adulto que jugó y encontró satisfacción en ello de niño, que uno que no lo ha hecho. Muchas veces la dificultad para jugar con nuestros niños viene de no haber jugado lo suficiente en nuestra infancia o de la dificultad personal para conectar emocionalmente con esa etapa de nuestra vida.
Espero haber sido clara..
CLARISIMA!
ResponderEliminarMuy interesante la nota Licenciada.
ResponderEliminarEmpezaremos en casa a generar una conducta tendiente a tomar noción de que es un modo de concluir la actividad lúdica mas que una imposición/obligación, y por lo tanto más participativa y dinámica.
Gracias, GAby! Por lo general da mayor resultado involucrar a los niños en la actividad, cualquiera fuera esta, que imponerla. No significa esto que no haya que instaurar límites y obligaciones, pero "se cazan mas moscas con miel que con hiel". Besos
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