martes, 13 de agosto de 2013

FUNCION PATERNA

Cuando incluso mucho, puede parecer insuficiente

“No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre”
Sigmund Freud

“Sin papá estamos fritos”
Juan Cruz, 6 años

Superhéroes, poderosos, de fuerza inacabable, puro coraje y valentía. Tal es, en el imaginario infantil, el lugar que ocupa la impronta paterna. Sin embargo, cuan contradictoria es esta visión del “papá Superman” con la habitual visión femenina respecto a los padres en cuestión, y con el lugar que ocupan para el adolescente. ¿Sucede acaso que los niños están engañados? ¿Las mamás esperamos más de la cuenta? ¿Es el padre de hoy un padre ineficaz? El psicoanálisis dirá que la función paterna está destinada al fracaso y aún así la considera fundante y estructural para el psiquismo humano. Veamos, entonces,  a qué se refiere tal aparente contradicción.
En primera instancia, una salvedad. Notarán que nos referimos muchas veces a la función paterna y no estrictamente a los padres. Esto es decir que esta función paternante no necesariamente está desarrollada por el padre biológico, sino que puede ser encarnada por cualquier persona significativa para esa mamá, incluso por una idea, un rasgo, una institución. Porque para el psicoanálisis, es fundamental recordarlo, la paternidad (como así también la maternidad) no es un hecho biológico y natural guiado por el instinto, sino una inclinación psicológica que nace en relación a un ser necesitado de protección: el bebé.
Aclarado esto, nos preguntamos: ¿En qué consiste la función paterna? ¿Qué se espera, socialmente, de ese padre por advenir? Las respuestas pueden ser múltiples, de acuerdo al imaginario personal, subjetivo y particular de cada familia. Sin embargo, uno podría contestar, sin temor a equivocarse: TODO. ¿Cómo no va estar entonces condenada al fracaso? ¿Cómo cubrir con éxito una demanda tan desmedida? Lo que se espera, psicológicamente hablando de un padre es, básicamente, que proteja a su hijo de aquello para lo cual el mismo no está protegido, esto es: la angustia, la enfermedad, la muerte; lo accidental que irrumpe desorganizando la prosecución normal de la vida. Nada más y nada menos.  Viene a mi mente el recuerdo de la emotiva película de Benigni: “La vida es bella”, en dónde un padre retenido con su hijoen un campo de concentración, despliega una versión ficcionada de la realidad con la intención  de  velarle al pequeño los horrores de la guerra. Esto, que parece tan ajeno a nuestra realidad cotidiana, es una metáfora –tal vez excesiva- de los dramas de la infancia. La labilidad emocional y la vulnerabilidad del infante es tal, que existen muchísimos factores que pueden ser disruptivos de la estabilidad que éste necesita para el normal desarrollo de sus facultades. Así, pues, el padre será el garante del desarrollo infantil.
Anteriormente mencionaba que la función paterna se establece en relación a las figuras significativas para la madre. Tal vez sea ese un buen inicio para dar cuenta de cómo se va estableciendo dicha operación. Nace un niño y su primer y necesario universo es su mamá. Ésta deberá ponerse a tono con las necesidades del pequeño, lo cual implica un tiempo psicológico distinto, regresivo, que la distancia de la vida cotidiana. La madre se repliega, se ensimisma desde la gestación para empatizar y ponerse en sintonía con ese niño que dependerá masivamente de ella. Dicho proceso, naturalmente, implica que esta mujer desatienda ciertas cuestiones atinentes al sostén del quehacer cotidiano, como así también se vuelva extremadamente sensible, vulnerable y necesite reclinarse en alguna figura de protección que la sostendrá a ella para que ella pueda a su vez sostener ese bebé. Así, el primer rol paterno será ser el facilitador de la estabilidad materna, sustento fundamental del infans.  Superada la primera infancia, vía identificaciones y Edipo mediante, la función paterna abrirá el juego hacia la socialización, proveyendo identidad y herramientas para el desempeño grupal entre pares. De este modo, la seguridad que confiere a un niño ser la continuación de ese Otro idealizado, ser su heredero; como para una niña ser la elegida y mirada por un papá amoroso, facilita la entrada del pequeño al mundo. Antiguamente, esto tomaba forma bajo dos expresiones culturales: la herencia de un oficio, como representante del legado paterno al varón como herramienta para ser hombre en el mundo; y la dote: representante simbólico del valor de esa hija para ese padre. Naturalmente, ese soporte que ofrece el padre se descorre en la adolescencia y adultez. La imagen de un padre poderoso y siempre eficaz es imposible de sostener, afortunadamente, para siempre. Y decimos afortunadamente porque ¿quién no se sentiría empequeñecido ante Otro siempre poderoso? En esta etapa, la función paterna consistirá entonces,  ya no en velar la angustia frente a los avatares cotidianos sino mostrarse atravesados por ellos mas no por eso inermes; es el manejo de la angustia y no su falta lo que indica el camino a seguir .La función declina,  por ello que  dice Lacan que del padre hay que servirse primero para poder prescindir después.
Vemos entonces porque para el psicoanálisis esta función se destina al fracaso: se trata de crear un velo destinado a descorrerse. Hay algo de desmedido en la expectativa sobre este rol que hace del resultado siempre una versión, a su modo, perfectamente imperfecta de presentar la realidad. Los verdaderos fracasos de la función paterna  se dan cuando la exposición a los aspectos mas crudos de la vida se hacen presentes, allí donde el niño no cuenta con las herramientas aún para procesarlo. O por la contraria, cuando la veladura es tan hermética que no hay una trasmisión de un legado, como un mago que no revela su truco y nos deja atónitos y empequeñecidos. Allí, sí, entonces, sobrevendrán las consecuencias de esta operación no lograda: la angustia, los panic attack,  las adicciones.

Finalmente, cabe recordar que quien encarna dicha función (insostenible por definición) está tan inerme frente a lo eventual como todos los demás, lo único que cuenta a su favor es el amor que lo lleva a hacer de su familia la causa de su deseo, y el amor que este accionar genera en sus hijos. Este es su mayor legado, su mas valiosa herencia. Después de todo, los Beatles no estaban tan errados. All you need is love. Nada más.