lunes, 12 de septiembre de 2011

PSICOLOGIA Y MATERNIDAD: Nueve meses de maravillosos cambios

Si bien el embarazo es un estado natural, es cada vez mas frecuente escuchar hablar de múltiples afecciones físicas y emocionales que acompañan estos nueve meses. Desde la clásica “sensibilidad” que describen las revistas especializadas hasta el temor al parto, la mujer embarazada atraviesa cambios que la preparan para ejercer su nuevo rol. Estas vivencias serán más o menos placenteras según la configuración psíquica de cada mujer, sus experiencias previas y la representación que se haya formado previamente respecto a su feminidad y la maternidad, condicionadas por su cultura social, y fundamentalmente, familiar.
Antiguamente la mujer llegaba a este período acompañada por su madre y otras mujeres mayores a ella que colaboraban tanto en la preparación de ésta para la llegada del bebé como en el posterior cuidado del niño. Más aún, era criada con amplios conocimientos sobre puericultura y participaba activamente desde pequeña en el cuidado de los niños menores de la familia, en tanto era éste el rol fundamental en el cual se esperaba su desarrollo.
En las últimas décadas la función social de la mujer ha cambiado considerablemente, proporcionándole la posibilidad de un desarrollo personal y económico impensable para las generaciones pasadas. También los formatos familiares han cambiado, de los grandes clanes familiares al círculo familiar íntimo, generando a su vez cambios en los modos tradicionales de relación. Seguramente estas innovaciones han sido provechosas pero modifican estructuralmente la noción de lo doméstico y con ella, de la maternidad.
La mujer actual llega a esta etapa las más de las veces en estado de indefensión. Mas allá de su legítimo deseo de ser madre, no se halla preparada plenamente para la experiencia de criar un niño, lo cual revolucionará su vida tal y como la llevaba organizada hasta ahora. En muchas oportunidades será su hijo el primer niño que tendrá en brazos. Ha pasado gran parte de su adolescencia y de su vida adulta postergando y aplazando las necesidades características de su género, tratando de insertarse laboral y socialmente, siendo productiva (en sentido económico) e independiente, para enfrentarse ahora a una experiencia que la conectará inmediatamente con su mundo afectivo, su vulnerabilidad y con su propia infancia. Aún cuando sea sencillo para ella conectarse con su nueva imagen de madre, deberá confrontar el desafío de balancear múltiples demandas a su persona: laborales, domésticas, afectivas, con la atención adecuada a su hijo. Este choque de intereses produce con frecuencia un clima de stress, el cual conduce a la exacerbación de los malestares físicos característicos del embarazo y a la aparición de inseguridad, dudas y sensación de angustia. “¿Estará bien el bebé?”, “¿Podré enfrentar un parto?”, “¿Podré balancear trabajo y maternidad?”; en definitiva: “¿Seré tan buena madre como ansío ser para este niño?”
Es fundamental que la mujer pueda conectarse con su estado y tejer, ya desde las primeras semanas, el vínculo con su bebé, logrando sentirse una madre lo suficientemente buena como para dar amparo al niño que crece en su vientre, ayudarlo a atravesar el parto lo más naturalmente posible y, posteriormente, nutrirlo, cuidarlo y educarlo. Los resultados saltan a la vista: partos mas placenteros, puerperios menos prolongados, lactancia bien establecida y un vínculo lo suficientemente estrecho con el bebé como para garantizar la estimulación intelectual y afectiva necesaria.
La psicología perinatal, además de intervenir en casos específicos en donde el maternaje se halla obstaculizado, es una herramienta facilitadora en la integración de la mujer actual, trabajadora y las más de las veces multitasking, a una maternidad vivenciada placenteramente, responsable y comprometida.
Mediante ejercicios específicos se trabaja en la proyección a futuro de la embarazada en su nuevo rol de madre, disipando ansiedades y generando un espacio de reflexión respecto a la función parental. Así mismo, post parto, se centraliza el trabajo en la reinserción de la mujer a su vida cotidiana, armonizando y salvando los obstáculos que se presenten en la crianza y amamantamiento,  ofreciendo guía y orientación respecto a la estimulación sensorial del niño.
De este modo, se realiza un trabajo que apunta a optimizar los recursos naturales que cada mujer trae como acerbo personal, poniendo el acento ya no en la psicopatología sino en la calidad del vínculo materno filial, transformando esta etapa de cambios en una experiencia provechosa y placentera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario